La
guerra de Israel contra Irán puede recordar aquella antigua distinción que
hacía Barack Obama criticando a la Administración Bush entre la guerra de
elección y la guerra de necesidad. Obama aseguraba que Irak, con sus resultados
tan desastrosos, había sido una guerra de elección (war of choice),
mientras que la de Afganistán era una guerra de necesidad (war of necessity).
El general retirado Keith Kellogg, representante de Trump para Rusia y Ucrania, aseguraba en la conferencia de seguridad de Múnich (14-16 de febrero de 2025) que él viene de “la escuela del realismo”, un supuesto argumento para rechazar que Europa pudiera sentarse a la mesa de negociaciones para poner fin al conflicto.
Joseph S. Nye, profesor emérito en Harvard y con responsabilidades en materia de seguridad y defensa en las Administraciones Carter y Clinton, pasará, sin duda, a la historia de las relaciones internacionales como el difusor del término soft power, un ejemplo de realismo frente a los que creen solo en el poder de la fuerza.
Bombardeo de la aviación israelí en Kfar Kila, en el sur del Líbano, el 7-10-2024 (foto: Stringer/dpa vía Europa Press)
Un año después del ataque terrorista de Hamás, la situación en Oriente Medio tiende a empeorar, no a mejorar. Tres focos de conflicto aparecen en el horizonte: Gaza, Líbano e Irán, y a ellos puede añadirse Siria, dada la relación del régimen sirio con Hamás, y Yemen, donde los rebeldes hutíes han secundado en ocasiones las acciones hostiles de los enemigos de Israel.
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Joseph Cotten y Orson Welles en una escena de “El tercer hombre”, de Carol Reed
Se cumplen 75 años del estreno de El tercer hombre,
la película que muchos críticos consideran como la más destacada del cine
británico. Tuvo bastantes galardones, y quizás el más acertado fuera el Oscar a
la mejor fotografía en blanco y negro, sin olvidarse del premio equivalente a
la Palma de Oro en el festival de Cannes. La fotografía reproduce un escenario
real: la Viena de la posguerra, dividida entonces en cuatro sectores militares
como Berlín. No es una película de “combate” de la guerra fría, como otras que
hizo Hollywood en aquella época. Por eso no ha envejecido, porque sabe retratar
pasiones y caracteres humanos que siguen existiendo en todos los tiempos.