Jonathan Kirshner y el verdadero realismo

El general retirado Keith Kellogg, representante de Trump para Rusia y Ucrania, aseguraba en la conferencia de seguridad de Múnich (14-16 de febrero de 2025) que él viene de “la escuela del realismo”, un supuesto argumento para rechazar que Europa pudiera sentarse a la mesa de negociaciones para poner fin al conflicto.
La visión de Kellogg sobre Ucrania ya fue expuesta en un extenso artículo para el American First Institute en abril de 2024. Subrayaba la responsabilidad de la Administración Biden en el inicio y la prolongación de la guerra, sobre todo por el hecho de no haber vetado abiertamente la posibilidad de que Ucrania fuera admitida en la OTAN. Según Kellogg, el objetivo de Biden era más dañar a Rusia que ayudar a Ucrania y criticó su agresividad hacia Putin por calificarle de criminal y dictador.
En nombre del realismo, aseguraba Kellogg que la prolongación de la guerra solo servía para fortalecer la alianza entre Rusia, China, Irán y Corea del norte, aunque también esgrimía el argumento humanitario de parar de una vez la carnicería. Negaba que su postura fuera aislacionista no sin dejar de subrayar que Estados Unidos no debería dejarse arrastrar a guerras por motivos idealistas. Sin embargo, la opinión de Kellogg no se ha visto confirmada por la actual situación. Hablaba de unos Estados Unidos imponiendo la paz a Rusia y Ucrania, y de una salida que combinara los intereses ucranianos y norteamericanos. Si Kellogg seguía creyendo en el plan de paz expuesto en su artículo, no lo sabemos. Lo cierto que es Trump ha antepuesto a todo los propios intereses por medio de un entendimiento directo con Rusia, que ha marginado tanto a Ucrania como a Europa. No ha sido un acto de mediación sino de elección entre uno de los dos bandos.
¿Se puede considerar esta política exterior como realismo? Jonathan Kirshner, profesor de relaciones internacionales en el Boston College y representante de las teorías realistas, publicó en enero pasado un artículo en Foreign Affairs en el que llamaba a no confundir la fanfarronería y el cinismo con la firmeza y la sabiduría que, en su opinión, son propias del realismo. Para Kirshner, el realismo incluye, en su opinión, la prudencia. La primera de las prudencias es pensar en el día después, en lo que sucederá a continuación, aunque todo parezca indicar que una victoria electoral o una actuación política, hayan sido un completo éxito. Podemos añadir, con una frase atribuida a Churchill, que el éxito nunca es definitivo.
Kirshner asegura que los cálculos fríos y duros de Trump no son un ejemplo de auténtico realismo. La visión realista del profesor asegura que el realismo no es necesariamente violento ni indiferente a las implicaciones morales. No se puede ser realista sin un objetivo político a largo plazo. Un realismo cortoplacista que no sopesa las consecuencias de sus actos puede ser peligroso. Recuerda una famosa cita de Clausewitz en De la guerra: “Nadie empieza una guerra si no tiene claros los objetivos políticos”. George Kennan, uno de los ideólogos de la política de contención frente a Moscú en la guerra fría, aseguraba que el enfrentamiento no era tanto una competición militar, pese al peligro de guerra nuclear, sino política. Conviene recordar que no fue la fuerza de las armas la que derribó el imperio soviético.
El profesor Kirshner se ocupa en su artículo de la rivalidad de Estados Unidos con China que, en apariencia, es la principal preocupación de Trump. Señala certeramente que el peligro en Asia para Washington no se derivará de una conquista o una invasión por parte de Pekín. El arma principal de China es extender su área de influencia y, sobre todo, persuadir a sus vecinos de que no hay alternativa para ellos que plegarse a todos sus deseos. Dicho de otro modo, si Estados Unidos se enemista con sus aliados asiáticos o se distancia de ellos, estos se verán tentados a cambiar de bando o a adoptar una actitud neutralista que solo beneficiará a China.
Jonathan Kirshner considera que la política exterior de Trump es “cortoplacista, transaccional y estrechamente egoísta”. Es un juego de suma cero. Podría cometer errores en Oriente Medio, sobre todo con Irán, en su política proteccionista o en sus propósitos por mantener la hegemonía del dólar. Recuerda además que el America First no es del todo novedoso, pues se ensayó en el período de entreguerras cuando Estados Unidos contribuyó a la fragilidad financiera internacional con su proteccionismo y las cuestiones relacionadas con las deudas pendientes de los países europeos como consecuencia de la Primera Guerra Mundial.
Hay un consejo de Kissinger en un artículo publicado durante el primer mandato de Trump: “Pensar antes de actuar”. Seguirá estando vigente, aunque muchos no quieran seguirlo.