Fukuyama y los efectos políticos de la pandemia

Francis Fukuyama (CC: Fronteiras do Pensamento)

Aunque han pasado más de treinta años, a Francis Fukuyama se le sigue identificando con su ensayo sobre el fin de la historia. Se le reprocha que se equivocó y que no triunfó en todo el mundo la democracia liberal, aunque sí lo hiciera el capitalismo en todas sus versiones, el neoliberal y el estatalista, representado por China y Rusia. Con todo, una lectura atenta de aquel ensayo conlleva la conclusión de que Fukuyama no daba absolutamente por sentada la victoria de la democracia liberal, pues también advertía del despertar de los nacionalismos.

Y ahora nuestro autor acaba de publicar en Foreign Affairs “The Pandemic and Political Order”, un artículo que se centra en las consecuencias políticas de la crisis global del Covid-19. En los análisis habituales se presta mucha atención a los efectos sociales y económicos de esta situación, pero ocupan un lugar más secundario los políticos.

A nadie se le oculta que la pandemia ha sido utilizada políticamente por algunos gobiernos e incluso, en el caso de China, se ha querido mostrar la superioridad de una autocracia sobre una democracia en una situación de emergencia. Por si fuera poco, algunos gobernantes elegidos democráticamente, pero que no son ni mucho menos liberales, han aprovechado la oportunidad para implantar medidas de excepción que han afianzado su poder, con independencia de las medidas desarrolladas para hacer frente a la crisis.

Sobre este particular, Fukuyama no cae en la simplicidad de afirmar si las democracias están más preparadas, o no, que las autocracias. El éxito de los gobernantes, con independencia de su legitimidad, depende de tres factores: capacidad del Estado para responder a la pandemia, confianza de la sociedad y liderazgo de los políticos. Pocos ejemplos podríamos sacar de países en que se han cumplido estas condiciones, aunque destacan especialmente dos: la Alemania de Merkel y Corea del Sur, cuya gestión de la crisis ha sido conducida por técnicos. En cambio, en otros la falta de liderazgo ha sido muy destacada: los EEUU de Trump, la Gran Bretaña de Johnson, la Rusia de Putin, la India de Modi, el Brasil de Bolsonaro, la Turquía de Erdoğan o incluso la propia China de Xi Jinping. Sin embargo, está por ver, en algunos de estos países, que la gestión vaya a ser o no castigada en las urnas, estén o no próximas las citas electorales.

Con la llegada del verano asistimos al fenómeno, prácticamente universal, de que las medidas para la “nueva normalidad” suponen un cierto relajamiento para una población confinada durante largo tiempo. En este sentido, Fukuyama está convencido de que la recuperación será más lenta de lo previsto, tanto en lo sanitario como en lo económico, pues además se prevén nuevas olas de infecciones.

Y aquí viene la tesis del autor: las poblaciones se cansarán de que se les exijan nuevos sacrificios, en lo económico o en la limitación de sus derechos y libertades. Esta situación originará serias crisis políticas, pues la gente asiste impotente a la pérdida de su trabajo, a la prolongación de la recesión económica y al aumento sin precedentes del endeudamiento estatal. No asistiremos a tensiones graves entre países, y tampoco seguramente a una “guerra fría” entre EEUU y China más allá de las incontinencias verbales, pero si habrá graves tensiones internas que pueden repercutir en la escena internacional. La polarización de las sociedades, de las que EEUU o España son ejemplos sobresalientes, es un riesgo evidente para la estabilidad de algunos países, donde la clase política no termina de comprender que una supuesta victoria solo puede ser pírrica y no permanente.

En concreto, a Fukuyama le preocupa el futuro de EEUU. En su opinión, un triunfo electoral de Trump no solo seguirá perjudicando el futuro del orden liberal internacional, establecido tras la Segunda Guerra Mundial, sino que contribuirá al declive de la primera potencia mundial. Podemos añadir que el actual presidente hará todo lo posible, y lo imposible, para ganar la elección. Se especuló hace unos meses que la pandemia llevaría consigo un hecho insólito: el aplazamiento de las elecciones. Parece que no será así. Antes bien, Trump querría llegar al primer lunes de noviembre sin excesivas complicaciones derivadas de la pandemia, aunque el voto electoral y el popular serán disputados hasta el último instante. No hay que descartar en absoluto que contemplemos una judicialización del resultado de los comicios, tal y como sucedió en el duelo electoral de 2000 entre George W. Bush y Al Gore. Fukuyama también está en lo cierto al afirmar que una victoria del demócrata Joe Biden, e incluso con el control de las dos cámaras, no terminará con la polarización. Probablemente Trump y sus partidarios cuestionen su legitimidad. Y ni que decir tiene que, mientras tanto, la pandemia no entiende de política.

Ira popular, tensiones internas, crisis económica, propagación de la enfermedad, restricciones a la inmigración, auge de las teorías de la conspiración… El mundo evocado por Fukuyama no ofrece un panorama optimista, pero el politólogo mira a la historia para ofrecer un signo de esperanza. Ni la gran depresión de 1929 ni los totalitarismos pudieron terminar con la democracia liberal, que demostró ser mucho más resistente de lo que creían sus adversarios. Por el contrario, la gestión de la pandemia está erosionando, según Fukuyama, la legitimidad de líderes políticos no liberales como Bolsonaro y Putin. En consecuencia, la causa de la libertad no estaría perdida con la actual situación.

Afirma a continuación que la pandemia traerá una adaptación de la democracia liberal y el capitalismo al nuevo escenario, con un afianzamiento del Estado del bienestar. Pero, según Fukuyama, la crisis, con todos sus efectos, está destinada a tener un largo recorrido. Le inquieta el papel que puede tener EEUU para la gestión de la crisis, tanto a nivel interno como internacional. Por eso finaliza su artículo en un tono que tiene algo de melancolía. EEUU necesita sacar un conejo de su chistera lo antes posible.


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